Se habían conocido bañándose juntos en el mismo Río desde que tuvieron uso de razón. Cada uno habitante de una de las orillas y cada uno hijo de una tribu distinta, pero la pasión por el Río les habían convertido en cómplices.
Entre tanto que los chapoteos enraizaban en sus almas les llego la adolescencia y se permitieron conocer el cuerpo del otro con la misma curiosidad que descubrían las trasformaciones que el empuje del Río causaba en el paisaje que les vio nacer. Pero con esta nueva madurez, llegaron las exigencias de sus respectivas tribus, obligándolo a él a emigrar río arriba para pelear en alguna de las guerras de honor que definen a los pueblos mientras ella quedó en silencio, junto al Río, esperándolo.
Como buen amigo, el Río le trajo noticias antes de que lo hicieran los mensajeros, la coraza del Indio desgajada por golpes que habrían de ser mortales de necesidad. Ella definitivamente quedo muda, el dolor le hizo olvidar el lenguaje de aquellos que le habían arrancado a su otra mitad.
Y ya, para siempre, sólo le quedó el Río, como vínculo extraño con el Más Allá. Se sumergía desnuda durante interminables noches en las que se le escuchaba reír y chapotear y pasaba los días en silencio, de espaldas a las rutinas de su Pueblo, y sumida en una dulzura difícil de explicar.
Nadie se acuerda cuándo desapareció porque ya hacía tiempo que ya nadie la echaba de menos. Pero aún, en las noches claras, cuenta su Pueblo que se le escucha reír y chapotear.
(HISTORIAS DE ALMAS VENCIDAS)
Feliz año Clau!
31/12/09
30/9/09
La Trilogía de las Musa-arañas
O de cómo se habla a alguien sin corazón
Y volví a su despacho, fría mesa de por medio ante mi necesidad. Ella como siempre ausente, endiosada, gesticulante sin sentido de proposiciones evanescentes, de inutilidad conseguida en base a meritos que querían obligarme a rogar en esta cita que para ella no existiría nunca y que para mi llevaba existiendo desde que presentí que me iba a tocar.
-¿Cómo le invento un corazón para que me escuche? ¿Cómo voy a meterlo dentro de este terminal pseudo-burocrático? ¿Cómo voy a poder dejarlo ahí, latiendo, si no es con parte de mi sangre para que le insufle vida al recordarme?
Hice papiroflexia con mi cara de expediente tratando de recordarle a su padre, a su hermano, a su hijo… (Jamás se me hubiera ocurrido recordarle a su marido). Y así, de la puta mas reina (véase yo) a la reina más puta (véase ella) logré comunicarme con mi propio corazón.
Pidiose después perdón por solicitar lo que es de uno y, a pesar de las promesas, aún me duró la cita hasta que se confirmaron los resultados. Supongo que es el castigo que me queda por olvidarme a veces de mi propio corazón.
O de cómo se prepara el invierno
Preparando el invierno releí todo lo que tenía escrito, me acordé de a quien besé y a quien no besé (besar es un eufemismo), me quedé quieto un momento para comprobar dónde me dolía y lo anoté. Algún día haré algo con esa lista.
O de cómo el cuento corto no se me quedó corto
Corto.
Y volví a su despacho, fría mesa de por medio ante mi necesidad. Ella como siempre ausente, endiosada, gesticulante sin sentido de proposiciones evanescentes, de inutilidad conseguida en base a meritos que querían obligarme a rogar en esta cita que para ella no existiría nunca y que para mi llevaba existiendo desde que presentí que me iba a tocar.
-¿Cómo le invento un corazón para que me escuche? ¿Cómo voy a meterlo dentro de este terminal pseudo-burocrático? ¿Cómo voy a poder dejarlo ahí, latiendo, si no es con parte de mi sangre para que le insufle vida al recordarme?
Hice papiroflexia con mi cara de expediente tratando de recordarle a su padre, a su hermano, a su hijo… (Jamás se me hubiera ocurrido recordarle a su marido). Y así, de la puta mas reina (véase yo) a la reina más puta (véase ella) logré comunicarme con mi propio corazón.
Pidiose después perdón por solicitar lo que es de uno y, a pesar de las promesas, aún me duró la cita hasta que se confirmaron los resultados. Supongo que es el castigo que me queda por olvidarme a veces de mi propio corazón.
O de cómo se prepara el invierno
Preparando el invierno releí todo lo que tenía escrito, me acordé de a quien besé y a quien no besé (besar es un eufemismo), me quedé quieto un momento para comprobar dónde me dolía y lo anoté. Algún día haré algo con esa lista.
O de cómo el cuento corto no se me quedó corto
Corto.
23/9/09
Alma y Máquina
Agarro el teléfono y llamo, desde dentro de mi engranaje al interior de tu engranaje, de tú a tú y de igual a igual. Me chivo y susurro que algo va mal, que no nos respeta. ¡Qué me digas dónde tengo que meter los brazos para hacerla parar!
(Gracias L.)
(Gracias L.)
16/9/09
Tonos
La habitación era tan cargante que para respirar tuve que abrir la puerta. Todo ese mate de la pintura que me hacía verlo todo tan azul. Aquellos absurdos jarrones que coleccionaban flores tuertas. El mate de la calle era tan azul que pensé en ponerle puerta...
25/8/09
Miedos y desidia
Ella pedía un cuento de futuro. Ella pedía que le dejara un solo hilo, para poder entretenerse noche tras noche, desmarañando el ovillo hasta evitar que llegara el alba. Atascada, triste, perdida, atolondrada.
Pero le pedía el tema y ella se negaba a hablar. Dolida bajaba la cabeza manteniendo la mirada con orgullo. Y así nos hacíamos sangre, tan lindo, que me acostumbré a sangrar.
Yo le traía cuentos sin sentido mientras ella mantenía su futuro herido, noche tras noche de hilos confundidos. Conformados con hacernos sangre, nos olvidamos de hablar…
Pero le pedía el tema y ella se negaba a hablar. Dolida bajaba la cabeza manteniendo la mirada con orgullo. Y así nos hacíamos sangre, tan lindo, que me acostumbré a sangrar.
Yo le traía cuentos sin sentido mientras ella mantenía su futuro herido, noche tras noche de hilos confundidos. Conformados con hacernos sangre, nos olvidamos de hablar…
4/8/09
Ruedas dentadas
Déjame, sin preguntas
lacerarme en definitiva
perdido en mis momentos
a pesar de girar contigo
Pérmiteme, de deseo
olvidarme en mitad de
la caricia
despistarme sin acabar
el abrazo
engañarte con inercia
en algún beso
Créeme, sin maleficios
que retorno de inmediato
que me cuesta estar centrado
que me gusta estar contigo
(que 2 más 2 no me hacen cuatro)
Compréndeme, objetivos
que vengo de mi pasado
mis pecados no olvidados
mis recuerdos perseguidos
y manías de sobresalto
sin preguntas
de deseo
sin maleficios
objetivos
Sólo el tiempo funcionando
Tú en tu métrica
Yo a mi ritmo
lacerarme en definitiva
perdido en mis momentos
a pesar de girar contigo
Pérmiteme, de deseo
olvidarme en mitad de
la caricia
despistarme sin acabar
el abrazo
engañarte con inercia
en algún beso
Créeme, sin maleficios
que retorno de inmediato
que me cuesta estar centrado
que me gusta estar contigo
(que 2 más 2 no me hacen cuatro)
Compréndeme, objetivos
que vengo de mi pasado
mis pecados no olvidados
mis recuerdos perseguidos
y manías de sobresalto
sin preguntas
de deseo
sin maleficios
objetivos
Sólo el tiempo funcionando
Tú en tu métrica
Yo a mi ritmo
11/7/09
¿Qué pensarán las cabras?
Ella sólo era una cabra. Rumiaba largas horas el regustillo fresco que le dejaban las briznas de hierba más frescas que en los riscos más recónditos encontraba. Su vida se repartía entre la adrenalina de la temeridad suicida de alcanzar aquellos riscos, donde las mejores briznas se encontraban, y la profunda meditación que el pasto en esas vicisitudes le otorgaba. Siempre la última rumia se llevaba a cabo con nostalgia:
- Y ahora que se acaba… ¿Qué sucedería si no vuelvo a encontrar motivo para trepar tan arriba? ¿Y si no encuentro pastos para saborear a mis anchas?
Y comió del llano…
A veces, ante la extraña sensación de sentirse saciada, echaba de menos rumiar, pero al hacerlo la saliva le resultaba amarga. Imaginaba que pronto volviera a crecer la hierba en los riscos, pero detestaba intentarlo para comprobar que así no era y sentir como que fallaba:
- Hoy tampoco hay briznas... ¡Qué maldita saliva tan espesa y amarga!
No se sabe bien con claridad si es cierto que la cabra emigró a una suntuosa granja. Si entretiene a los caballos, dialoga con los cerdos y entrebrinca con las vacas. Pero si fuera cierto lo que narran, narran que se la pasa mirando a través de la verja, tratando de calmar su corazón, acompasando sus latidos y frenando las arritmias, mientras destila la hiel de aquella saliva pastosa que la tiene atragantada.
- Y ahora que se acaba… ¿Qué sucedería si no vuelvo a encontrar motivo para trepar tan arriba? ¿Y si no encuentro pastos para saborear a mis anchas?
Y comió del llano…
A veces, ante la extraña sensación de sentirse saciada, echaba de menos rumiar, pero al hacerlo la saliva le resultaba amarga. Imaginaba que pronto volviera a crecer la hierba en los riscos, pero detestaba intentarlo para comprobar que así no era y sentir como que fallaba:
- Hoy tampoco hay briznas... ¡Qué maldita saliva tan espesa y amarga!
No se sabe bien con claridad si es cierto que la cabra emigró a una suntuosa granja. Si entretiene a los caballos, dialoga con los cerdos y entrebrinca con las vacas. Pero si fuera cierto lo que narran, narran que se la pasa mirando a través de la verja, tratando de calmar su corazón, acompasando sus latidos y frenando las arritmias, mientras destila la hiel de aquella saliva pastosa que la tiene atragantada.
22/3/09
De ardores nace...
Cuando todos somos uno
y la valentía que nos ampara
condena nuestros tropiezos
asumiendo una desdicha
Mas si yo violento
provoco y me divierto
amparado en un código
fingiendo, aparentando, consintiendo
Y doy gracias por lo necesario
jugando siempre a un juego
de no convertirme en vasallo
necesitándoos en vuestro terreno
Perdón por las sonrisas
y gracias por el cuento
y la valentía que nos ampara
condena nuestros tropiezos
asumiendo una desdicha
Mas si yo violento
provoco y me divierto
amparado en un código
fingiendo, aparentando, consintiendo
Y doy gracias por lo necesario
jugando siempre a un juego
de no convertirme en vasallo
necesitándoos en vuestro terreno
Perdón por las sonrisas
y gracias por el cuento
...en duda crece...
Hoy tengo tres sillas dispuestas en la terraza que enfrenta a mi sesera. Dos sois mis invitados para ser juzgados una vez que mis percepciones queden expuestas. No me culpes, yo me erigí en juez, yo me otorgué el cargo, pero fue sólo por pura supervivencia.
...y la brutal necesidad se hace productiva.
No sé si algún día te contaron, como te cuento yo hoy antes de dormir,”La extraña historia de aquel niño al que le dieron de beber sangre de camaleón”.
Fue regalo de su bisabuela, ella misma eligió, cazó y escurrió al bicho justo el día que nació aquel niño para añadirla al primer biberón. Dos propiedades se le atribuían a aquel hechizo recibido en forma de herencia familiar: La facultad de teñir los momentos y la facultad de teñir los recuerdos de aquellos momentos que en su momento no se pudieron entintar.
Residía la virtud del niño en su poderosa lengua, aquella que recibió la sangre de aquel bicho que usaba la suya para cazar.
Y así, aquel que había sido niño, hacía su vida tintando sin maldad. Tintaba de risas, de intrigas, de posibilidades, de picardías, pretendiendo el pobre que entre tanto tinte no lo pudieran mirar para poder sentarse, tranquilito en una esquina, a tomarse una cerveza y ver la vida pasar.
Fue regalo de su bisabuela, ella misma eligió, cazó y escurrió al bicho justo el día que nació aquel niño para añadirla al primer biberón. Dos propiedades se le atribuían a aquel hechizo recibido en forma de herencia familiar: La facultad de teñir los momentos y la facultad de teñir los recuerdos de aquellos momentos que en su momento no se pudieron entintar.
Residía la virtud del niño en su poderosa lengua, aquella que recibió la sangre de aquel bicho que usaba la suya para cazar.
Y así, aquel que había sido niño, hacía su vida tintando sin maldad. Tintaba de risas, de intrigas, de posibilidades, de picardías, pretendiendo el pobre que entre tanto tinte no lo pudieran mirar para poder sentarse, tranquilito en una esquina, a tomarse una cerveza y ver la vida pasar.
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