Ella pedía un cuento de futuro. Ella pedía que le dejara un solo hilo, para poder entretenerse noche tras noche, desmarañando el ovillo hasta evitar que llegara el alba. Atascada, triste, perdida, atolondrada.
Pero le pedía el tema y ella se negaba a hablar. Dolida bajaba la cabeza manteniendo la mirada con orgullo. Y así nos hacíamos sangre, tan lindo, que me acostumbré a sangrar.
Yo le traía cuentos sin sentido mientras ella mantenía su futuro herido, noche tras noche de hilos confundidos. Conformados con hacernos sangre, nos olvidamos de hablar…
25/8/09
4/8/09
Ruedas dentadas
Déjame, sin preguntas
lacerarme en definitiva
perdido en mis momentos
a pesar de girar contigo
Pérmiteme, de deseo
olvidarme en mitad de
la caricia
despistarme sin acabar
el abrazo
engañarte con inercia
en algún beso
Créeme, sin maleficios
que retorno de inmediato
que me cuesta estar centrado
que me gusta estar contigo
(que 2 más 2 no me hacen cuatro)
Compréndeme, objetivos
que vengo de mi pasado
mis pecados no olvidados
mis recuerdos perseguidos
y manías de sobresalto
sin preguntas
de deseo
sin maleficios
objetivos
Sólo el tiempo funcionando
Tú en tu métrica
Yo a mi ritmo
lacerarme en definitiva
perdido en mis momentos
a pesar de girar contigo
Pérmiteme, de deseo
olvidarme en mitad de
la caricia
despistarme sin acabar
el abrazo
engañarte con inercia
en algún beso
Créeme, sin maleficios
que retorno de inmediato
que me cuesta estar centrado
que me gusta estar contigo
(que 2 más 2 no me hacen cuatro)
Compréndeme, objetivos
que vengo de mi pasado
mis pecados no olvidados
mis recuerdos perseguidos
y manías de sobresalto
sin preguntas
de deseo
sin maleficios
objetivos
Sólo el tiempo funcionando
Tú en tu métrica
Yo a mi ritmo
11/7/09
¿Qué pensarán las cabras?
Ella sólo era una cabra. Rumiaba largas horas el regustillo fresco que le dejaban las briznas de hierba más frescas que en los riscos más recónditos encontraba. Su vida se repartía entre la adrenalina de la temeridad suicida de alcanzar aquellos riscos, donde las mejores briznas se encontraban, y la profunda meditación que el pasto en esas vicisitudes le otorgaba. Siempre la última rumia se llevaba a cabo con nostalgia:
- Y ahora que se acaba… ¿Qué sucedería si no vuelvo a encontrar motivo para trepar tan arriba? ¿Y si no encuentro pastos para saborear a mis anchas?
Y comió del llano…
A veces, ante la extraña sensación de sentirse saciada, echaba de menos rumiar, pero al hacerlo la saliva le resultaba amarga. Imaginaba que pronto volviera a crecer la hierba en los riscos, pero detestaba intentarlo para comprobar que así no era y sentir como que fallaba:
- Hoy tampoco hay briznas... ¡Qué maldita saliva tan espesa y amarga!
No se sabe bien con claridad si es cierto que la cabra emigró a una suntuosa granja. Si entretiene a los caballos, dialoga con los cerdos y entrebrinca con las vacas. Pero si fuera cierto lo que narran, narran que se la pasa mirando a través de la verja, tratando de calmar su corazón, acompasando sus latidos y frenando las arritmias, mientras destila la hiel de aquella saliva pastosa que la tiene atragantada.
- Y ahora que se acaba… ¿Qué sucedería si no vuelvo a encontrar motivo para trepar tan arriba? ¿Y si no encuentro pastos para saborear a mis anchas?
Y comió del llano…
A veces, ante la extraña sensación de sentirse saciada, echaba de menos rumiar, pero al hacerlo la saliva le resultaba amarga. Imaginaba que pronto volviera a crecer la hierba en los riscos, pero detestaba intentarlo para comprobar que así no era y sentir como que fallaba:
- Hoy tampoco hay briznas... ¡Qué maldita saliva tan espesa y amarga!
No se sabe bien con claridad si es cierto que la cabra emigró a una suntuosa granja. Si entretiene a los caballos, dialoga con los cerdos y entrebrinca con las vacas. Pero si fuera cierto lo que narran, narran que se la pasa mirando a través de la verja, tratando de calmar su corazón, acompasando sus latidos y frenando las arritmias, mientras destila la hiel de aquella saliva pastosa que la tiene atragantada.
22/3/09
De ardores nace...
Cuando todos somos uno
y la valentía que nos ampara
condena nuestros tropiezos
asumiendo una desdicha
Mas si yo violento
provoco y me divierto
amparado en un código
fingiendo, aparentando, consintiendo
Y doy gracias por lo necesario
jugando siempre a un juego
de no convertirme en vasallo
necesitándoos en vuestro terreno
Perdón por las sonrisas
y gracias por el cuento
y la valentía que nos ampara
condena nuestros tropiezos
asumiendo una desdicha
Mas si yo violento
provoco y me divierto
amparado en un código
fingiendo, aparentando, consintiendo
Y doy gracias por lo necesario
jugando siempre a un juego
de no convertirme en vasallo
necesitándoos en vuestro terreno
Perdón por las sonrisas
y gracias por el cuento
...en duda crece...
Hoy tengo tres sillas dispuestas en la terraza que enfrenta a mi sesera. Dos sois mis invitados para ser juzgados una vez que mis percepciones queden expuestas. No me culpes, yo me erigí en juez, yo me otorgué el cargo, pero fue sólo por pura supervivencia.
...y la brutal necesidad se hace productiva.
No sé si algún día te contaron, como te cuento yo hoy antes de dormir,”La extraña historia de aquel niño al que le dieron de beber sangre de camaleón”.
Fue regalo de su bisabuela, ella misma eligió, cazó y escurrió al bicho justo el día que nació aquel niño para añadirla al primer biberón. Dos propiedades se le atribuían a aquel hechizo recibido en forma de herencia familiar: La facultad de teñir los momentos y la facultad de teñir los recuerdos de aquellos momentos que en su momento no se pudieron entintar.
Residía la virtud del niño en su poderosa lengua, aquella que recibió la sangre de aquel bicho que usaba la suya para cazar.
Y así, aquel que había sido niño, hacía su vida tintando sin maldad. Tintaba de risas, de intrigas, de posibilidades, de picardías, pretendiendo el pobre que entre tanto tinte no lo pudieran mirar para poder sentarse, tranquilito en una esquina, a tomarse una cerveza y ver la vida pasar.
Fue regalo de su bisabuela, ella misma eligió, cazó y escurrió al bicho justo el día que nació aquel niño para añadirla al primer biberón. Dos propiedades se le atribuían a aquel hechizo recibido en forma de herencia familiar: La facultad de teñir los momentos y la facultad de teñir los recuerdos de aquellos momentos que en su momento no se pudieron entintar.
Residía la virtud del niño en su poderosa lengua, aquella que recibió la sangre de aquel bicho que usaba la suya para cazar.
Y así, aquel que había sido niño, hacía su vida tintando sin maldad. Tintaba de risas, de intrigas, de posibilidades, de picardías, pretendiendo el pobre que entre tanto tinte no lo pudieran mirar para poder sentarse, tranquilito en una esquina, a tomarse una cerveza y ver la vida pasar.
9/3/09
de lo que es, no es y a quien le importe
Érase una vez una ciudad estado en la que nunca todos se ponían de acuerdo en si debía crecer o no crecer y en la que se mezclaban los golpes de pecho con las zancadillas absurdas para que ciertos personajes perpetuaran su papel. Un hombre y una mujer decidieron casarse y lo solicitaron al Rey.
No obstante, tres ariscos cortesanos, dos de ellos hombres y una mujer, que no soportaban los cambios de estado por desafiar sus monopolios, representar sus esperanzas no cumplidas o no quedarse solos por no opinar presentaron su descontento ante la más alta institución.
- Y que sabiendo que ella no era virgen, que de blanco inmaculado no se podía casar…
- Y que como nosotros vendemos los colores, y sabiendo que son pobres, no los podrán comprar…
- Y como la razón nos la damos nosotros, con sólo hablar a gritos no hará falta argumentar…
Ante el Consejo de Sabios gritaron su cometido dándole fuerza con rimbombantes risotadas, manidos chistes facilones y algún que otro soez gesto lascivo. Increíble parecíale al novio sentado en su banco. Irritante, inapropiado, absurdo, estúpido, ofensivo.
Dictó sentencia el tribunal. Cogió un trozo de carbón y después de esquivar la trama con cada mancha que le hacia al inmaculado blanco vestido allí mismo los casó. Ecuánime con los cortesanos evitándoles padecer los disgustos de tan contradictorio estupor arráncole de a uno ojos, lengua y oídos.
Cuentan que la pareja anda fornicando por doquier y haciendo de cada lecho un paraíso. También cuentan que los cortesanos siguen viviendo sentados en círculo, arrancándose unos a otros las garrapatas de la espalda y gritando que son de gustoso comer. Te llaman tonto y se ríen a carcajadas si no aceptas su pitanza y gritan mientras tragan que cualquier día ese Consejo acabará partiendo en dos a un niño.
No obstante, tres ariscos cortesanos, dos de ellos hombres y una mujer, que no soportaban los cambios de estado por desafiar sus monopolios, representar sus esperanzas no cumplidas o no quedarse solos por no opinar presentaron su descontento ante la más alta institución.
- Y que sabiendo que ella no era virgen, que de blanco inmaculado no se podía casar…
- Y que como nosotros vendemos los colores, y sabiendo que son pobres, no los podrán comprar…
- Y como la razón nos la damos nosotros, con sólo hablar a gritos no hará falta argumentar…
Ante el Consejo de Sabios gritaron su cometido dándole fuerza con rimbombantes risotadas, manidos chistes facilones y algún que otro soez gesto lascivo. Increíble parecíale al novio sentado en su banco. Irritante, inapropiado, absurdo, estúpido, ofensivo.
Dictó sentencia el tribunal. Cogió un trozo de carbón y después de esquivar la trama con cada mancha que le hacia al inmaculado blanco vestido allí mismo los casó. Ecuánime con los cortesanos evitándoles padecer los disgustos de tan contradictorio estupor arráncole de a uno ojos, lengua y oídos.
Cuentan que la pareja anda fornicando por doquier y haciendo de cada lecho un paraíso. También cuentan que los cortesanos siguen viviendo sentados en círculo, arrancándose unos a otros las garrapatas de la espalda y gritando que son de gustoso comer. Te llaman tonto y se ríen a carcajadas si no aceptas su pitanza y gritan mientras tragan que cualquier día ese Consejo acabará partiendo en dos a un niño.
14/2/09
El increíble caso del hombre moneda
Decíanle donde lo conocían “el hombre moneda” por su dualidad de cargar enorme cruz y el impagable rostro que hacia valer para soslayar tan pesado impedimento. También solían conocerlo así por otras perfumadas esquinas por su demostrada habilidad de colarse por determinadas rendijas y obtener, obtener, obtener.
Nadie sabia como lo hacía. Pero a determinadas horas solían verlo rodando con su imperturbable concentración sabiendo consciente de la necesidad de vivir el mayor tiempo posible de canto.
- Estás ausente – Decíanle
- No, estoy pendiente – Respondía él. Y es que le habían enseñado que las buenas rendijas verticales son.
Y rodando rodando combatía la frustración de tener que pagar las cosas necesitando más de una vez. Porque él había nacido moneda, no había nacido billete, y su casta le obligaba a multiplicarse cuando quería alcanzar una buena buena acción.
Dicen donde lo conocen que de tanto rodar a veces se marea y te lo puedes encontrar por alguna esquina vaciándose la mirada. Dicen también que si se recuesta de un lado es que esta de jarana, pero si se recuesta de otro es que llegará a casa de día.
Este es el increíble caso del hombre moneda, que nunca aguantó demasiado en ninguna alcancía.
Nadie sabia como lo hacía. Pero a determinadas horas solían verlo rodando con su imperturbable concentración sabiendo consciente de la necesidad de vivir el mayor tiempo posible de canto.
- Estás ausente – Decíanle
- No, estoy pendiente – Respondía él. Y es que le habían enseñado que las buenas rendijas verticales son.
Y rodando rodando combatía la frustración de tener que pagar las cosas necesitando más de una vez. Porque él había nacido moneda, no había nacido billete, y su casta le obligaba a multiplicarse cuando quería alcanzar una buena buena acción.
Dicen donde lo conocen que de tanto rodar a veces se marea y te lo puedes encontrar por alguna esquina vaciándose la mirada. Dicen también que si se recuesta de un lado es que esta de jarana, pero si se recuesta de otro es que llegará a casa de día.
Este es el increíble caso del hombre moneda, que nunca aguantó demasiado en ninguna alcancía.
11/2/09
Temas PENDIENTES
El silencio es algo que nunca se debe desestimar. Viene a ser la pausa necesaria para que dos notas lleguen a encajar evitando cacofonías discordantes porque ninguna de las dos encuentra su lugar.
Hay silencios lindos, compartidos con paciencia. Silencios que dicen, silencios que llenan. Silencios que duran instantes o silencios que duran algún que otro año (no más). También hay silencios sucios que son muy difíciles de limpiar.
Yo me culpo por no saber llenar esos silencios, por no atreverme a hablar. Pero es que yo no se usar aún todas las palabras, con algunas me tienen que ayudar.
Hay silencios lindos, compartidos con paciencia. Silencios que dicen, silencios que llenan. Silencios que duran instantes o silencios que duran algún que otro año (no más). También hay silencios sucios que son muy difíciles de limpiar.
Yo me culpo por no saber llenar esos silencios, por no atreverme a hablar. Pero es que yo no se usar aún todas las palabras, con algunas me tienen que ayudar.
10/2/09
Todo lo que callaba (esbozo)
Gotas de sinrazón que se van acumulando. Sinsentidos no buscados que ponen a prueba la convivencia. Un día sentado en mi sillón Tú pasabas y abriste el frasco que decía “por favor, hoy déjame en paz”.
Se desató la furia, la lluvia de todo lo que guardaba estalló en la habitación y en la absurda búsqueda de calma rugí intencionando palabras. Unas te daban, otras te herían y otras estaba claro que eran para hacer doler.
Y llegó el punto en el que por mucho que gritara Yo ya no me escuchaba. Me sentí solo y quise saber como estabas, pero nos separaban los montones de escombros de todo lo que habíamos roto esa tarde sin querer.
Entonces entendí, cuando por fin había dicho todo lo que callaba, que no todo era para decírtelo a tí.
Se desató la furia, la lluvia de todo lo que guardaba estalló en la habitación y en la absurda búsqueda de calma rugí intencionando palabras. Unas te daban, otras te herían y otras estaba claro que eran para hacer doler.
Y llegó el punto en el que por mucho que gritara Yo ya no me escuchaba. Me sentí solo y quise saber como estabas, pero nos separaban los montones de escombros de todo lo que habíamos roto esa tarde sin querer.
Entonces entendí, cuando por fin había dicho todo lo que callaba, que no todo era para decírtelo a tí.
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