30/9/09

La Trilogía de las Musa-arañas

O de cómo se habla a alguien sin corazón

Y volví a su despacho, fría mesa de por medio ante mi necesidad. Ella como siempre ausente, endiosada, gesticulante sin sentido de proposiciones evanescentes, de inutilidad conseguida en base a meritos que querían obligarme a rogar en esta cita que para ella no existiría nunca y que para mi llevaba existiendo desde que presentí que me iba a tocar.

-¿Cómo le invento un corazón para que me escuche? ¿Cómo voy a meterlo dentro de este terminal pseudo-burocrático? ¿Cómo voy a poder dejarlo ahí, latiendo, si no es con parte de mi sangre para que le insufle vida al recordarme?

Hice papiroflexia con mi cara de expediente tratando de recordarle a su padre, a su hermano, a su hijo… (Jamás se me hubiera ocurrido recordarle a su marido). Y así, de la puta mas reina (véase yo) a la reina más puta (véase ella) logré comunicarme con mi propio corazón.

Pidiose después perdón por solicitar lo que es de uno y, a pesar de las promesas, aún me duró la cita hasta que se confirmaron los resultados. Supongo que es el castigo que me queda por olvidarme a veces de mi propio corazón.

O de cómo se prepara el invierno

Preparando el invierno releí todo lo que tenía escrito, me acordé de a quien besé y a quien no besé (besar es un eufemismo), me quedé quieto un momento para comprobar dónde me dolía y lo anoté. Algún día haré algo con esa lista.

O de cómo el cuento corto no se me quedó corto

Corto.

23/9/09

Alma y Máquina

Agarro el teléfono y llamo, desde dentro de mi engranaje al interior de tu engranaje, de tú a tú y de igual a igual. Me chivo y susurro que algo va mal, que no nos respeta. ¡Qué me digas dónde tengo que meter los brazos para hacerla parar!

(Gracias L.)

16/9/09

Tonos

La habitación era tan cargante que para respirar tuve que abrir la puerta. Todo ese mate de la pintura que me hacía verlo todo tan azul. Aquellos absurdos jarrones que coleccionaban flores tuertas. El mate de la calle era tan azul que pensé en ponerle puerta...